La cruz de ser torero de moda

Rosa Jiménez

El País. 22 de septiembre de 2012

[…] No es un torero al uso. Con una mano maneja el capote y con la otra su Twitter. El 20 de junio, horas antes de hacer el paseíllo en Alicante, charlaba con sus seguidores a través de la red social, con una Twitcam, en el portal burladero.com. Sus followers jalean sus triunfos, comparten fotos y destacan sus lances con un hashtag, #toreríamorada, como si fuera una estrella del cine o la música. Ese es el signo de su callada revolución. […]

Su lucha no cae bien en todos los frentes, al menos no entre los toreros punteros. Su sueño, lógico, es compartir cartel con El Juli y José Tomás. “Respeto a todos los compañeros, por supuesto, pero me motiva mucho medirme con los que más respeto”. Como espejos, como modelos a seguir, destaca a Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín, “por lo que representaron en su momento de pureza, toreo y relevancia”. Entre los más recientes destaca a César Rincón, Ortega Cano, Manzanares padre y Julio Robles. Ponce merece un capítulo aparte. El valenciano, su padrino de alternativa, le ha marcado. En esa tarde le dedicó unas palabras especiales: “Me dijo que luchara mucho, que diera todo lo que tuviera en mi mano y que fuese en todo momento feliz por ser quien era”. Su poso, su forma de andar y el temple con el que maneja las telas no pasaron inadvertidos aquella tarde. Antonio Tejero, banderillero durante 25 años, 22 en las filas de Ponce, dejó al maestro para hacerse cargo de la carrera de Mora. “Es una persona diferente, con una verdad muy grande, muy pura”, dice con un sentimiento que va más allá de lo que suelen mostrar los apoderados modernos, más preocupados por los números que por el estado anímico de sus poderdantes.

[…] “Eso en lo profesional. En lo humano es muy campechano, sin darse importancia, con su familia siempre cerca y una cuadrilla de buenos profesionales”. Mora suele viajar con su equipo cuando torea, como una gran familia, como uno más.

Sin miedo a nada

Mora no hace ascos a nada. Ni a los encastes más complicados, ni a los compañeros, tampoco a las plazas. Mientras que los más conocidos apenas acceden a torear en Madrid por su dureza, él es el consentido. “Se exige al máximo, pero tienen un conocimiento y una entrega fuera de lo habitual”, aclara. Esta conexión con la plaza más complicada del mundo la ha conseguido matando los hierros más duros: Victorinos, en los que ya es especialista, Cebada Gago y Cuadri. Si tiene que escoger, Santa Coloma es su debilidad. Especialmente la vaca.

Publicación de El País. Para leer el reportaje completo, pulse aquí

 

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