Cinco de cinco, el lenguaje de los números

En ocasiones, las explicaciones sobran. Los resultados obtenidos hablan por sí mismos y no permiten dudas ni discusiones. Han sido cinco días seguidos de premios ganados a pulso: Nimes (2 orejas), Salamanca (2 orejas), Móstoles (4 orejas), Piedrabuena (2 orejas) y Burgohondo (2 orejas y 1 rabo).

En Piedrabuena: “Mostró su mejor capote, muleta… su mejor tauromaquia”

Y es que el arte es impredecible. Porque lo es la mente del artista. Muy clara es la de David Mora, que sabe cómo reaccionar ante cualquier embestida. En esta ocasión, se enfrentó a un Samuel Flores y a un Partido de Resina. Un desafío ganadero que David superó con creces. Salió a hombros, pero en el recuerdo de los que asistieron quedará el valor, la variedad, la hondura, el empaque y una capacidad que convierte fácil lo difícil.

En Salamanca: “Convirtió en seda el carbón del toro de Montalvo”

Triunfó en Nimes y emprendió un largo viaje hasta Salamanca. Y lo hizo dejando aparte la salida a hombros y pensando ya en la tarde siguiente. David Mora se enfrentó a un lote con buenas condiciones de Montalvo, una ganadería que conoce, y las aprovechó. Y mucho. Tanto que abrió la Puerta Grande gracias a su rotundidad, capacidad, temple, torería, clase… y una infinidad de cualidades. Además, Mora da la cara siempre. Y así, cuando vio que la espada le privaba de la oreja, decidió dejar la muleta y entregar su cuerpo en la suerte suprema. A vida o muerte. Impresionante.

En Bayona: “Muletazos de largo trazo en una labor muy contundente”

Una vez más, David Mora apostó por Cebada Gago, una de las ganaderías con la que se entiende. El motivo, que la conoce. Así, supo que el primero de su lote le permitiría dejar muletazos de bello trazo y realizar una labor firme, asentada y contundente. Sin embargo, el quinto fue otra historia. Fue un “cebada” de esos que lo último que pretenden es embestir por derecho. Pero ante este comportamiento, David Mora también supo cómo solventarlo.

El orgullo de los mostoleños

David Mora salió a hombros de la plaza de toros de Móstoles, su plaza, tras cortar cuatro orejas. Y lo hizo acompañado del orgullo de su pueblo. Los vecinos de la localidad madrileña recordaron al chaval que corría por sus calles con el toro ya metido en vena. “De Móstoles tenías que ser, sí señor”, gritaba un aficionado desde el cuarto tendido. Y es que, orgullosos de su torero, los mostoleños vieron a un David Mora de mano baja y profundidad, de mando y de poder. Del de verdad. Sin aspavientos.

En Nimes: “Suave mando, firme entrega y seria labor”

El precio de ir por derecho se paga sumando un número menor de festejos. Se gana en dignidad profesional, pero podría pasar la factura de no estar todos los días toreando. Sin embargo, David Mora es la excepción de la norma. No perdona. No se admite a sí mismo pasos en falso. Así, de Nimes salió a hombros. Con rotundidad, firmeza y un valor sincero. Las armas del toreo puro.

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